EFISUR

El certificado de eficiencia energética, una herramienta potente que no se aprovecha

Los expertos critican la devaluación de los honorarios y la falta de concienciación.

De izquierda a derecha: Francisco José Olivero, Javier Herrera, Inmaculada Arjona, Rafael Salmerón y Sergio González

De izquierda a derecha: Francisco José Olivero, Javier Herrera, Inmaculada Arjona, Rafael Salmerón y Sergio González.
«Al certificado no se le da su significado real, no es una auditoría energética que dé al vecino datos de cuánto va a ahorrar»
Sergio González

La certificación energética, que actualmente se articula a través de la emisión de los certificados de eficiencia energética, es una herramienta muy potente si se utiliza de manera correcta. Esa es una de las conclusiones a la que se llegó en la mesa redonda de expertos «Certificación Energética», que se ha celebrado en el marco del Encuentro del Ahorro Energético y la Construcción Sostenible de Sevilla, Efisur.

Una de las ponentes fue Inmaculada Arjona Díaz, directora del Departamento de Sostenibilidad y Medio Ambiente de Trinomio, que explicaba que su labor como consultoría técnica se enmarca tanto en la propia emisión de certificados energéticos como «en utilizarlos para diagnósticos y auditorías».

«Las herramientas oficiales, en referencia a los certificados de eficiencia energética, me parecen muy potentes, aunque es cierto que tienen varios aspectos a mejorar», señalaba Arjona. Por ejemplo, que «la introducción de instalaciones a nivel de viviendas sea más flexible». «Nos han llegado clientes quieren apostar por instalaciones complejas, con varias energías renovables dentro de la casa, y las posibilidades que nos dan las herramientas para este tipo de edificios son muy limitadas», reprochaba.

De otro lado, Inmaculada Arjona también denunciaba la devaluación de los horarios de los certificados, algo que «afecta a todo el sector» y en lo que el resto de ponentes se mostraba de acuerdo. «Si bien es cierto que la gente entiende muy bien el sistema de calificación, la bajada de precios provoca que el consumidor ya no tenga confianza en los resultados de ese documento, un diagnóstico previo que podría ser muy interesante se convierte en un mero trámite, un papel mojado», sentenciaba.

Mejora del confort

Sergio González Escamilla, técnico de la Agencia de Vivienda y Rehabilitación de la Consejería de Fomento y Vivienda, expresaba un punto de vista más dirigido hacia la vivienda pública. «Los técnicos estamos formados en la materia y, más allá del certificado, nosotros utilizamos sus parámetros para realizar un informe de evaluación de la vivienda pública: nos permite ver cuál es la situación real y cuál es el potencial de actuación», aseguraba.

«Al certificado no se le da su significado real, no es una auditoría energética que dé al vecino datos de cuánto va a ahorrar, sino que compara edificios con distintos rasgos», puntualizaba. Por ello, afirmaba, a los usuarios de la Agencia de Vivienda y Rehabilitación lo que sí le explican es que las intervenciones en la vivienda llevan «a una mejora del confort y de las condiciones de habitabilidad».

Seguidamente, Javier Herrera Barrera, arquitecto técnico Socio Gerente de ATRECE Consultoría Técnica S.LP. y Secretario de APTESE (Asociación Profesional de Técnicos de la Edificación en Sevilla), confesó que «la percepción que muestra el cliente es que no tiene ni idea de para qué sirve». «Se tiene el concepto de que es una exigencia legal para ir al notario y poco más», insistía. Para luchar contra ello, afirmaba Herrera, «hay que hacer campañas potentes para explicar a la sociedad la utilidad del certificado, que es una manera muy eficiente de valorar el tipo de consumo que tiene una vivienda»

El objetivo

Francisco José Olivero Macías, Secretario Técnico del Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Sevilla, puso el foco en la normativa, que calificó como «amplia y dispersa», e incidió en la idea de que «cuando el consumidor tiene que hacer algo relacionado con la certificación energética le es indiferente, únicamente quiere resolver el problema». Además, aseguró que «las tasadoras no valoran la eficiencia energética, cómo se aprecia entonces la revalorización?» se preguntó.

Los asistentes durante la celebración de la jornada

Los asistentes durante la celebración de la jornada.

«El objetivo de la certificación energética era saber cuál era el consumo y la eficiencia del parque de viviendas existente, pero ese objetivo se ha devaluado, al final el certificado se ha convertido en un papel para la venta y el alquiler», aseguraba Rafael Salmerón Lissén, director de SAMLER Estudio de arquitectura y vicepresidente de A.P.E.C.E.N.
Salmerón también puso sobre la mesa el mal funcionamiento de las herramientas oficiales que se utilizan para hacer certificados que, a su juicio, «necesitan una interfaz más amigable y un funcionamiento más detallado». «Es habitual que, dependiendo de una herramienta o de otra, te dé una calificación distinta para la misma vivienda, con desviaciones hasta del 20%» apuntaba.

Además, al igual que Francisco José Olivero, denunció que «hay un problema de adaptaciones, existe una normativa nacional, otra por comunidades y, en muchos casos otra municipal, y eso es contraproducente». «Claro que la certificación energética puede ser un reconocimiento para la bajada de impuestos como el IBI pero como al final depende de los Ayuntamientos, no se hace», concretaba.

Cuerpo de inspección

Por otra parte, entre las carencias de los certificados de eficiencia energética, Rafael Salmerón destacaba que «no se refleja el confort, ni el consumo de agua, por lo que los parámetros deberían ampliarse».

Otro de los temas que se trataron en este encuentro fue la necesidad de que haya un cuerpo de inspección para controlar tanto la veracidad de la eficiencia energética que reflejan los certificados como el correcto cumplimiento de los requisitos durante el proceso de obra de un edificio. «Se usa el régimen sancionador de la ley de consumidores y eso no puede ser, tiene que ser hago más directo», afirmaba Sergio González.

De otro lado, se evidenció la necesidad de que la Administración tenga un papel ejemplarizante. «La normativa nacional dice que, de aquí a 2020, todos los edificios tienen que ser de consumo casi nulo y que los pertenecientes a la Administración Pública deben serlo en 2018, alguien se piensa que se va a cumplir?», reprochaba Salmerón.

«Hay que hacer campañas potentes para explicar a la sociedad la utilidad del certificado»
Javier Herrera

Otro de los temas que se trataron fue la falta de formación que se da, en ocasiones, entre los técnicos que llevan a cabo los certificados de eficiencia energética y las actuaciones de rehabilitación. «Hay veces que el problema es que, el que ejecuta las obras, no está lo suficientemente capacitado, es importante que haya un registro de quiénes llevan a cabo las obras para comprobar que hace justo lo que se necesita y de la forma correcta, una mala ejecución puede echar por tierra todo lo anterior», insistía Inmaculada Arjona.

Además, los ponentes puntualizaron que es necesario que los propios técnicos que realizan los certificados se den cuenta de que se trata de una «herramienta muy completa si se utiliza bien». «Muchas veces somos los miembros del sector los que los devaluamos con unas tarifas muy bajas que no permiten, ni aseguran, que se haya hecho correctamente», explicaba Javier Herrera, que recalcaba la importancia de las «inspecciones y las sanciones».

Entre otras cosas, en la mesa de debate se puso de relieve que, aparte de hacerlo con los profesionales, también es imprescindible «concienciar y educar a la sociedad», instaurar la idea de que una adecuada certificación de eficiencia energética de la vivienda, con un diagnóstico completo y realizada por un profesional capacitado, puede ser muy útil, tanto de cara a una compraventa como para hacer alguna actuación de rehabilitación en el edificio. «Es un primer estudio muy adecuado y necesario para dar cualquier paso en dirección a una vivienda que sea eficiente energéticamente», insistía Sergio González.

«El problema es que los ciudadanos se piensan que es un requisito administrativo más y, mientras eso siga así, no cambiará nada», aventuraba Francisco José Olivero, que también reprochó que hay personas que «adquieren una vivienda y ni siquiera se preocupan de ver qué calificación energética tiene». «Todo esto cambiaría si se le diese un empujón desde las administraciones públicas, hay que informar y dar a conocer la importancia de la certificación, invertir en este tema que, cada vez, va a ir tomando más importancia gracias a las directrices europeas», detallaba Salmerón.

La opinión de los expertos

Inmaculada Arjona. Directora del Departamento de Sostenibilidad y Medio Ambiente de Trinomio.
Un diagnóstico previo que podría ser muy interesante se convierte en papel mojado.
Sergio González. Técnico de la Agencia de Vivienda y Rehabilitación de la Consejería de Fomento y Vivienda.
Al certificado no se le da su significado real, no es una auditoría energética sino que compara edificios con distintos rasgos.
Javier Herrera. Arquitecto técnico Socio Gerente de ATRECE Consultoría Técnica S.LP. y Secretario de APTESE.
Hay que hacer campañas potentes para explicar a la sociedad la utilidad del certificado.
Francisco José Olivero. Secretario Técnico del Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Sevilla.
Las tasadoras no valoran la eficiencia energética, cómo se aprecia entonces la revalorización?.
Rafael Salmerón. Director de SAMLER Estudio de arquitectura y vicepresidente de A.P.E.C.E.N.
No se refleja el confort, ni el consumo de agua, por lo que los parámetros deberían ampliarse.